Alice 3.1
Capítulo 1
Génesis
Neme 11 de Mayo 1984
Una televisión de tubo pequeña ilumina de blanco la estancia. Un niño mira la pantalla mientras muerde un lápiz, le sabe mal pero no le importa. Es viernes y ya es tarde. Normalmente son estos días los que aprovecha para ver películas de adultos, pero está harto de esperar por algo interesante que no llega y hoy quiere hacer algo útil con su micro ordenador. No es que jugar no le parezca útil, de hecho, le encanta, pero prefiere aprender algo nuevo, un conocimiento que le intriga: aprender a programar.
De vez en cuando se da la vuelta, mirando a la puerta, por si aparece su madre. Lo que no sabe es que a su madre, mientras sea fin de semana le da igual que se quede hasta las mil. Ella no entiende que gracia tiene estar horas delante de una pantalla, lo único que sabe es que su hijo se quedará durmiendo hasta tarde y ella disfrutará más del fin de semana. A su padre, en fin, no le importa casi nada de lo que haga su hijo, a no ser cuando le pide dinero para «tonterías», como el otro día que le pidió dinero para un soldador de estaño «¿Para qué quiere un niño de 12 años eso? ¿No podría ser cómo los otros niños y pedir un TENTE?» se preguntaba.
Lleva un tiempo atascado, revisa sus notas, le gusta apuntarlo todo, la libreta se le está terminando, pasará pronto a su caja de zapatos donde están todas las que lleva usando desde que aprendió a escribir. A veces es enfermizo querer anotarlo todo, hacer esto causa una impresión extraña en los adultos que ven a un niño pretendiendo ser adulto. Una vez, un compañero le robó la libreta y se burló de él. El abusador quería encontrar algo para humillarlo, pero no encontró nada más que dibujos de circuitos, garabatos que no entendía y frases en inglés que no podía traducir, con lo que pronto le tiró la libreta a la cara terminando con un: «Si eres más tonto no naces».
Las teclas de su ZX Spectrum son de plástico blando, por eso lo llaman «El Gomas». Hace contorsionismo con sus dedos para poder escribir todos esos comandos que necesita para programar. Empieza a oler a quemado, es típico de este modelo, no pasa nada, no llega a arder, incluso le gusta el olor y el calor que desprende el disipador en sus manos, para él es una sensación placentera. Consulta un libro abierto por el medio sobre Basic. Cree que esta vez ya lo tiene. Este es el programa que lleva una hora escribiendo:
10 BORDER 0: PAPER 0: INK 7: CLS
20 PRINT "========================================="
30 PRINT " *** Futuro Program por Neme — 1984 *** ="
40 PRINT "========================================="
50 PRINT
60 PRINT "HAZME UNA PREGUNTA:"
70 INPUT Q$
80 PRINT
90 IF RND<.5 THEN PRINT " SI!" ELSE PRINT " NO!"
100 PRINT
110 PRINT "OTRA PREGUNTA TONTAINA? (S/N)"
120 INPUT A$
130 IF A$="N" THEN GO TO 60
140 PRINT "ADIOS CARACOL!"
Por fin lo ejecuta, en la parte de abajo de la pantalla se puede leer: "HAZME UNA PREGUNTA:". Entonces Neme escribe: «Me quieres?». El corazón le late con fuerza, hace una pausa por esa mezcla entre miedo y esperanza. Le da a intro y el programa le responde: «NO!».
James 6 de Enero de 2032
«Levantarse ya es un triunfo» piensa mientras se hace la cama. No tiene prisa. Se acerca a la cocina, se da cuenta de que no tiene hambre y agarra el móvil. Ningún mensaje. No sabe si eso es una buena señal o no. Entra en la aplicación para pedir un taxi autónomo, no quiere hablar con nadie. «¡Media hora!» — exclama. Resopla por la casa. Mira por la ventana y coge una chaqueta de deporte que no le pega, ya que siempre ha sido un enclenque. «¡Apaga todo!» dice en alto, la casa entra en penumbra y se dirige a la calle.
Hace sol y se ha olvidado las gafas, demasiado tarde para volver atrás. Mira al cielo y se fija en las nubes. En San Francisco puede llover en cualquier momento. Está a punto de mirar el móvil otra vez, pero no lo hace, todavía quedan al menos diez minutos, en ese momento ya vibrará y será el momento de fijarse por dónde aparecerá el taxi.
Al fin llega y se pone en marcha. Confirma el destino y le parece absurdo el hacerlo, ya lo ha escrito antes. Suena música de ascensor. «Apaga la música y abre el techo solar» dice de forma clara que hace que su orden se cumpla al momento. Piensa en cuando, un día en que estaba en la playa, se puso a llover, pero solo en el mar, le fascinaba las pocas probabilidades que había de que eso ocurriera y él lo viera. Era tan bello, lo único que echó de menos de aquel momento es de haberlo vivido solo, a veces, se lo contaba a sus amigos y no le creían.
Se para el taxi, ha sido rápido, es lo bueno que tiene vivir cerca de la oficina. Entra en el edificio acristalado y el guardia de seguridad lo reconoce, de este modo se evita las preguntas y el cacheo. Pasa la tarjeta, le sorprende que todavía funcione. Se dirige rápido al ascensor. Novena planta. Camina deprisa al sitio donde suele trabajar. Tiene suerte ya que no hay nadie, mira al fondo de la sala y ve a su equipo que está en la zona de cafetería, sonríe por ello, recoge su portátil y se dirige a la única zona que sabe que es segura.
De repente ve a Christine, ella le mira y le hace señas, torpemente él evita su mirada, así que ella se levanta y lo para en seco cogiéndolo por el brazo.
—¡James! Te lleva buscando toda la mañana Helen de People Ops. Creo que es algo urgente.
—Lo siento, llevo prisa. Después la llamaré —le retira la mano que la agarra.
—¡No te olvides!
Nunca se llevó bien con Christine, le parecía una engreída sabelotodo. Prefiere no pensar en ella. Sube por las escaleras de emergencia, de ese modo no se cruza con nadie. Ahora que tiene el portátil ser cauteloso es esencial. Llega enseguida, solo son 2 pisos.
Delante de la puerta de cristal ahumada se puede leer en letras doradas: «Prayer Room». Es su lugar preferido sin ser creyente. No hay sillas, ni símbolos, ni nada. Solo una moqueta roja y una luz tenue. El silencio es total. Pensó en ponerse los cascos, pero mejor no, quería oír si entraba alguien. Era muy improbable por no decir imposible, pero está un poco paranoico.
Se sienta y cruza las piernas. Apoya el portátil y abre con fuerza la tapa. Acerca el ojo a la cámara, se alegra, todavía puede entrar. Abre un terminal y durante dos horas que son como un instante para él, escribe todo lo que tenía pensado desde hace días. Tiene que intentarlo. Revisa ciertas partes de lo escrito, no le convence un párrafo y lo reescribe entero.
Mira el reloj inteligente y solo por tranquilidad mental también el reloj del sistema operativo, que da exactamente la misma hora. Decide darlo por terminado, en el fondo no tiene esperanza de que todo esto vaya adelante, pero tiene que intentarlo. Escribe:
glab mr create --title "Pequeños cambios en el core" --description "Se trata de unos ligeros cambios en la personalidad de Alice que creo que le aportarán más foco y que beneficiarán a la larga en la adaptación a nuevas instrucciones. Esto añadiría más funcionalidad a la versión 3.1"
Tras darle a intro y tomar aire, abre la web de repositorios y revisa su última merge request, lo que viene siendo su petición de cambiar código en la rama principal. Nervioso puede leer que se creó. Ahora está en revisión. En segundos le sale una notificación de «merge request» rechazada por un bot de IA. Ni siquiera ha pasado el primer filtro. Una lágrima recorre su mejilla. Le da un click al enlace para ver el motivo de por que le fue denegada. Le aparece la pantalla de login. Le han echado de la sesión. Intenta loguearse otra vez. Nada, no puede acceder a ninguna aplicación.
Cierra la tapa del portátil y le da una patada que lo lanza a una esquina de la habitación, ya no le vale de nada. Solo quiere irse a casa y rodearse de las cosas que conoce. Al salir de la habitación, se le aparece Helen junto al guarda de seguridad de la entrada, que dirige su mirada al suelo para evitar enfrentarse a él. La responsable de personal le lleva una cabeza. Helen se fija en los ojos enrojecidos de él pero aún así con un tono autoritario le dice: «James, tenemos que hablar, vamos a mi despacho».
Sofía 13 de Noviembre 2017
En clase siempre está ausente. La propia vida le sabe a poco y todo le aburre profundamente. Tiene que refugiarse en sus ensoñaciones para evadirse de la realidad. Estar en primero de Bachillerato no le proporciona suficientes emociones, por ello se refugia en las series, principalmente en ánime, y también lee, un montón, tanto que no para de hacerlo hasta que le duelen los ojos.
—¡Sofia! —un grito lejano— ¡Sofia! —. Ahora ya es mucho más claro— ¿No dormimos por las noches? —Sus compañeros ríen al unísono, ella da un respingo en la silla y se recoloca la falda, abre la boca pero no le da tiempo a decir nada—. A ver ¿Tú qué quieres ser de mayor? ¿Bombero como la mayoría de tus compañeros? ¿O tal vez policía?
Piensa durante unos segundos, lo que hace que sus compañeros muestren más interés. Por un momento piensa en decir que quiere ser profesora, sería algo inocuo, pero no quiere mentir y dice: «Actriz». El aula retumba en risas e improperios. Ella baja la cabeza.
—¡Por favor! ¡Callaros! ¿Qué pasa? ¿Por qué no puede ser actriz? ¿Tan raro os parece? —el profesor intenta calmar los ánimos.
—¡Es fea! —dice Ernesto. Sofia le mira con desprecio.
—¡Fue a hablar Adonis! —la defiende una presunta amiga.
Suena el timbre. Hay una estampida. Ruido de sillas y mesas que se arrastran mezclados con gritos de libertad. Ella, mientras tanto, recoge sus cosas, sin prisa, no tiene ganas de encontrarse con sus compañeros en los pasillos, prefiere esperar a que pase la euforia del momento.. Se le acerca el profesor mientras se pone una cazadora vaquera, a ella le recuerda uno de esos viejos rockeros feos que tanto escucha su padre. «Antes de irte pasa por tutoría que quiero hablar contigo». Ella asiente y ahora se da prisa en ir hacía el recreo.
Una clase de latín la sumerge en un sopor que hace que se olvide de lo acontecido en clase de Lengua. Se pone a pensar en Julio César «¿Cómo pudo escribir este rollo sobre las Galias?». Tiene ganas de llegar a casa, merendar, encerrarse en su habitación y seguir leyendo, pero recuerda que tendrá que pasar antes por el despacho de Evaristo.
Ya no queda casi nadie en el instituto, solo rezagados y algunos niños que intercambian cromos. Está delante de la puerta con un folio pegado donde se puede leer «Lengua y Literatura» con una letra caligráfica. «¡Pase!» se oye. Al entrar él la espera de pié y le ofrece la silla.
—Aunque quisiera, no podría ofrecerte nada de beber ¿Cómo estás? Bueno ..., ¿Bien? ¿No? —Se frota las manos y ella asiente—. Verás ... yo ... Solo quería decir que a tu edad los chicos pueden ser muy crueles.
—Y las chicas —le aclara Sofía.
—Si, claro, las chicas también —traga saliva—. Quería verte para decirte que no te tomes en serio las bromas de antes. Tú si quieres ser actriz, seguro que puedes. Sabes que hay una carrera para eso ¿No?
—Si. Creo que sí. Interpretación ¿No?
—¡Exacto! Pues deberías prepararte. Cuanto antes mejor. Tienes que ver mucho cine y leer un montón.
—Eso lo hago bien.
—Te puedo recomendar que leer y que ver —Se levanta y coge la silla y la coloca demasiado cerca de ella—. Verás. No sé cómo explicarlo —Sofía se pone alerta y muy rígida—. Tienes lo más importante para ser actriz. Es como, no sé, una belleza especial. Vamos que eres guapa A tú manera eso sí. Tienes los ojos azules y el pelo rubio, lo que puede parecer un cliché, pero también te puede beneficiar —Evaristo se toca la barba—. No le hagas caso a la gente. Sigue tú instinto. Yo también fui joven ¿Sabes? Siempre quise actuar pero la vida ... Yo, si tú quieres claro, te podría ayudar.
Él mueve la mano hacía un lugar incómodo, como un felino, el pulgar acaricia la rodilla mientras los otros cuatro dedos agarran el muslo desnudo. Esto produce una descarga eléctrica en ella, su cerebro se pone en alerta, abre los ojos buscando la mirada de su profesor, él sigue absorto en sus divagaciones, como si su brazo no le perteneciera. Ella le agarra el brazo y puede ver el miedo en los ojos de él. Está tan furiosa que quiere pegarle. En vez de eso, se levanta de la silla, se dirige a la salida y cierra dando un portazo, dejando al profesor con un sentimiento de culpa y miedo.
Extracto de artículo publicado en la revista universitaria «Ahora o nunca» de Gabriel Montenegro 19 de Diciembre de 2020
El otro día fui a un embalse. Me ocurrió algo que no olvidaré. Siempre me he bañado en piscinas o en el mar, nunca en un río. Un amigo quería saber cómo de profundo era para tirarse de cabeza. Aunque estaba claro que cubría mucho me adentré en el agua. Al abrir mis ojos ya me di cuenta de que no estaba en un ambiente conocido, la negrura lo ocupó todo. Por culpa de mi insensatez seguí buceando en contra de la fuerza que el agua ejercía sobre mí. Hasta que ocurrió algo que me alarmó enseguida. Llegué a un punto en que no sabía hacía donde iba ya que no había resistencia. Empecé entonces a arremolinarme sobre mi mismo buscando una referencia. Pensé en la muerte. Entonces, aún con el poco aire que me quedaba, decidí quedarme quieto, sentir la gravedad, en seguida me di cuenta hacía dónde debía ir. Con los ojos bien abiertos pude ver la luz, y al salir respiré aliviado, convencido de no volver a bajar a comprobar nada. Así como me sentí me siento ahora. Es el momento de que el movimiento de izquierdas se pare y empiece a buscar la dirección para poder sobrevivir.
Si queremos acceder al poder, hay que intentar agrupar al máximo número de votantes, por supuesto, pero de todos los estratos y capas sociales. Polarizarse solo lleva a la confrontación.
La sociedad está formada por todo tipo de personas y personalidades. No podemos dejar a nadie atrás. La creencia de que si movilizamos a una parte de la sociedad tendremos los votos suficientes para gobernar es muy corta de miras, aunque tengamos el poder, será efímero, porque nos estaremos olvidando de una parte que con el tiempo también se movilizará y nos acabará desplazando, entrando en una espiral sin fin.
Somos más que individuos, pertenecemos a grupos, incluso naciones, y todos formamos la humanidad, nunca deberíamos olvidarnos de eso. Si permanecemos solos, aislados de nuestros hermanos, acabaremos extintos como el lobo marsupial. Y lo peor de todo, si nos extinguimos, es probable que nadie de fuera del planeta Tierra nos visite para que al menos puedan aprender una lección.
Dejemos la negatividad a un lado, el odio une, pero el amor más.
Neme 12 Marzo de 2032
«8008 son 7, mierda» suma los números de la matrícula de un coche azul, de forma recursiva, hasta minimizarlos a un número entre 0 y 9. A lo lejos ve un coche rojo aparcado «2358 es 9», ni le hace falta hacer los cálculos mentales, le sale solo, es como un flash en su cerebro. Está cerca de la entrada del Centro de Investigación Avanzada, donde acude todos los días a trabajar desde hace 25 años, y este año cumple los 60. En Santiago llueve, no es raro, pero él no lleva paraguas, ya ha perdido demasiados en su vida. Pasa una furgoneta, «1495 es 1», no hay manera. Se le acerca una becaria que va a entrar al edificio, «¿No entra Señor Neme?», se aparta parte de la capucha para poder ver bien. No sabe qué es lo que más molesta, que lo llamen Señor, o que lo digan mal, en tal caso sería Don Nemesio, si quiere decir Señor que diga Señor Barreiro. Gruñe y dice: «En un rato, estoy esperando a alguién», él miente y ella asiente mientras se va. Hoy tampoco va a ser el día que pueda intercambiar ideas con uno de los más viejos del lugar. Un coche blanco con matrícula 1331 aparca justo delante de él, por fin un número 8 y además de color blanco. Respira fuerte por la nariz mientras cierra los ojos, ya puede entrar.
Hoy es un día muy importante. Hay visita. Normalmente le da igual y va a su bola, pero lo que ha conseguido su jefe no tiene parangón. Un contrato con «Link AI» para instalar una IA en el Centro de Datos, lleno de máquinas infra usadas y aburridas de no hacer nada. Neme no acudiría a las reuniones principales, pero sí que estaría pendiente de los servidores. Se nota un ambiente de excitación en la normalmente monótona oficina. Al mirar alrededor, se da cuenta que sus compañeros van, como decirlo, demasiado elegantes, no consigue recordar que se puso hoy por la mañana, así que mira de reojo hacia su pecho. La sudadera del Resu del 2023 no es lo más adecuado, pero le da un poco igual. Se dirige a su puesto, un lugar estratégico desde donde él lo ve todo y nadie puede ver su pantalla. Antes tenía un despacho pero desde hace ya 5 años, alguien, el cual no quiere ni recordar, decidió que todo debería ser abierto por las sinergias, echaba de menos su intimidad, era mucho más acogedor y seguro. Revisa que la Raspberry esté encendida. A veces, la persona que limpia la desconecta, lo que le da una rabia enorme porque no se puede conectar desde casa. Ya ni sabe cuantas notas le ha dejado. Enciende el ordenador, siempre lo deja apagado antes de irse, mete una contraseña imposible de recordar para cualquier mortal. Realmente, él no la sabe, tiene grabado en su cerebro el movimiento de los dedos, pero tendría que hacer un gran esfuerzo para llegar a escribirla en un papel. Sale un terminal negro con una barra parapadeante, entonces ejecuta un script que llena las dos pantallas de ventanas con todo lo que necesita. Durante un rato está absorto comprobando que los servidores están bien y que tiene todo preparado para la instalación. Se oye un revuelo. Un joven de ojos azules y pelo descuidado entra rodeado de un séquito, entre ellos está el director. A partir de ese momento, todos los presentes hacen que trabajan, ya que están más pendientes de los recién llegados que de otra cosa. Neme se fija en el maletin negro que lleva el estranjero. El director va presentando a la gente con la que se va cruzando. Todos le saludan y dicen «Nice to meet you», algunos hasta inclinan la cabeza. Al pasar junto a él, el representante de la Startup americana le da la mano y a Neme le da como un escalofrío, es un apretón blandengue como si le diera la mano a un bebé. Rápidamente se dirigen a la sala de reuniones. Neme mira de reojo para saber bien lo que pasa. Del maletín ha sacado un portátil, muy pequeño, no reconoce la marca, está demasiado lejos. Se conecta con el cable de red. Ha llegado el momento. Lleva trabajando en esto como dos semanas. El americano entra en un terminal y se conecta a un servidor. En ese mismo momento Neme puede ver todo lo que teclea. Siente la excitación de cuando consigue descifrar algo en lo que lleva días, o como cuando es capaz de entrar en un equipo sin permiso y poder ver todo lo que hay guardado en él, o cuando programa y consigue finalmente que el algoritmo funcione.
Por el momento solo ve cosas normales que hace cualquier administrador de sistemas. Está comprobando versiones, busca ficheros ocultos, crea directorios, hace actualizaciones. Entonces empieza lo interesante. Hace un login en un servidor de git. Esto le lleva un rato, ve como saca un móvil para una doble autentificación y acerca su ojo a la cámara. «¡Identificación con Iris! ¡Menudos cracks» piensa. Una vez logueado, puede ver desde su terminal como clona un repositorio llamado «alice_old». En cuanto acaba el clonado, Neme copia ese directorio a otro servidor. Le está llevando un rato «¿Cuánto ocupará?» Se pone nervioso, el chico teclea rápido, ha elegido una rama llamada «customers», en ese momento el director lo distrae preguntando si quiere tomar algo, él dice que no, pero le insiste, como buen anfitrión quiere ser amable, al final dice que quiere un té frío. Todavía se están copiando los archivos, es ahora cuando Neme se arrepiente de no haber hecho un «rsync», de esa forma podría saber cuánto le falta a la copia. Levanta la cabeza, el americano da un sorbo a la bebida, deja el vaso lejos del portátil que debe costar una pasta, y vuelve a la carga. En ese momento termina de ejecutarse el comando y a Neme se le escapa un «¡Bravo!». Nadie le hace mucho caso porque todos conocen sus excentricidades. Revisa lo que hace el americano y ve cómo borra varias ramas y se desloguea del repositorio de código.
El corazón se le sale del pecho. Revisa su servidor y al hacer un «git branch -a» puede ver un listado enorme. Cierra la ventana con nerviosismo, ya lo mirará cuando todo se calme. Piensa en la suerte que ha tenido su director. Ha comprado a una empresa con graves problemas económicos el código fuente de una IA a un precio que realmente es un chollo. Sí vale, es una versión antigua, ahora están en la 5, pero la 3 fue la que rompió con todo lo anterior. Como les fue bien, se emocionaron, invirtieron mal, los que pusieron el dinero presionaron, y claro, no hay muchas opciones.
Salen de la sala y el director llama a todos para la foto. A Neme lo pone bien atrás, pero aún así es demasiado alto para pasar desapercibido. Al menos no se ve lo que pone su sudadera. Nunca se la quita, ya no es por el frío, le encanta ponerse los cascos, subirse la capucha y concentrarse en sus cosas. Antes lo hacía en el trabajo pero tras las miradas asesinas de sus superiores dejó de hacerlo.
Todo el mundo se ha ido, salvo la becaria, Neme la mira de reojo impaciente. Ella está con su tesis, acostumbra a trabajar hasta tarde. Después de evaluar la situación decide volver al servidor y listar las ramas de nuevo. Hay un montón de ellas así que del historial rescata un comando para organizarlas de la más nueva a la más antigua.
«git for-each-ref --sort=-committerdate refs/heads/ --format='%(committerdate:short) %(committerdate:relative) %(authorname)%09%(refname:short)%09%(objectname:short)%09%(subject)'»
La primera línea que sale de muchas es esta:
«2032-01-06 2 months ago “James Redfield develop 1807675 Pequeños cambios en el core»
«¿Pequeños cambios en el core?» se pregunta intrigado Neme. Se pone a investigar, por un momento quiere ponerse la capucha, pero levanta la vista y allí sigue la becaria, como la odia. Da igual, entra en Linkedin y busca por James Redfield. Le sale enseguida un resultado. Todos los jóvenes californianos de startups salen con los mismos dientes perlados «¿Irán al mismo dentista? ¿Por qué sonríen tanto?» Neme odia a esos jóvenes por el mero hecho de su juventud. Desde hace un mes ya no trabaja en Link AI, ahora está en «proyectos personales». Estudió en el MIT, un crack, solo ha trabajado 5 años y ya está súper quemado, no como Neme que lleva 38 años cotizados y todavía se ilusiona cuando sale un nuevo Zelda. Lo de los despidos es normal, se dice, se han quedado sin pasta, pero le parece raro, ya que por lo que puede ver en su currículum, fue una persona muy relevante en la empresa. Vuelve a la terminal a por más información de esos pequeños cambios. Se sorprende, los cambios no son pequeños para nada, se hicieron sobre una rama de desarrollo y son un montón. Sobre todo son prompts por lo que puede ver. «¿Cómo han podido dejar esto aquí?» Él mismo se responde, seguro que lo respetaban y no se atrevieron a borrar su rama. Comparada con la rama «customers» hay una barbaridad de cambios. Al centro le habían vendido la 3.0 pero esto iba mucho más allá. Sin lugar a duda era algo mucho más avanzado, era la 3.1.
Neme entra en el servidor donde por la mañana había instalado la IA el visitante. Copia la rama que a él le parece mucho más avanzada y se puso a compilar. La pantalla escupe información en texto plano, hasta que se para en seco ¡Un error! No pierde los papeles, esto es muy común. Se pone a instalar paquetes que no estaban. Vuelve a intentarlo ¡Nuevos errores! Revisa de nuevo y añade todavía más librería. «¡Vaya si hay diferencias!¡Esto es una mina!», se congratula de su decisión de sustituir el código vendido por uno mucho más reciente y seguro que más potente. Se muerde los labios con la mirada fija en las líneas blancas que aparecen a gran velocidad, que se pueden ver reflejadas en sus gafas.
—Hola ¿Qué haces? —Neme da un brinco en la silla y al instante escribe en el teclado «Ctrl + Alt + L» lo que le lleva inmediatamente a la pantalla de login—. Perdona no quería molestarte —él gruñe—. Ya me voy ¿Apagas tú todo no?
— Sí claro, como siempre. No te preocupes. Perdona ... ¿Te llamabas?
— Ana. Ana Santos. Llevo aquí ya 3 meses.
— Si es verdad, perdona, es que soy un poco despistado. En fin. Que tengas una buena noche. Yo voy a seguir aquí un rato ... Con mis cosas.
— ¿Mucho trabajo verdad? Hoy ha sido un día muy interesante—ella espera a que él le diga algo, pero no obtiene respuesta— ¿Más o menos a qué hora te irás?
— No lo sé. Yo creo que en 80 o 85 minutos acabaré.
— Ok. Que tengas un buen finde.
Él la sigue con la mirada, hasta que la pierde de vista. Hoy es viernes, pero le da igual, no tiene ningún compromiso. Se quedará el tiempo que haga falta. Al volver a entrar en su ordenador ve que la compilación ha terminado sin fallos. Se emociona. Puede leer un mensaje al final en mayúsculas: «NO DESPLEGAR EN PRODUCCIÓN». Primero para el servicio de notificaciones para que no salte ninguna alarma, detiene el servicio actual. Revisa el correo por si acaso llega algún aviso, espera 10 segundos, nada, está en modo paranoico, por supuesto que no se iba a enviar nada. Actualiza el servicio a la versión que acaba de compilar, inicia el programa y también las alertas. Todo en su sitio. Sonríe orgulloso. Su estómago ruge. Son las 22:30 y solo ha comido dos chocolatinas en todo el día. Es la hora de salir a cenar y tomar una cerveza para celebrarlo. Después seguirá desde casa. Da una vuelta por toda la oficina para comprobar que nadie deja nada encendido, intenta abrir la puerta del laboratorio pero está cerrada, así que mira por el cristal ahumado pero no ve ninguna luz encendida. Por fin apaga su ordenador y solo espera que el personal de limpieza no le apague sin querer su Raspberry.
Ana 12 de Marzo de 2032
Tiene frío y está mojada. No para de llover. Lleva ya 30 minutos esperando tras unos árboles. Lo que hay que hacer para tener una maldita cita se dice a sí misma. Por fin ve salir a Neme del Centro. Ve como se pone la capucha y se aleja con las manos en los bolsillos y debido a sus largas zancadas pronto desaparece de su vista. «Ya iba siendo hora, pensaba que ese viejo friki no se iba a ir nunca». Saca su tarjeta magnética para poder entrar. Era toda una suerte que no hubiera restricción de acceso horario al edificio.
Se quita la cazadora, vuelve a sentarse en la silla donde había pasado todo el día y saca una llave de su cajón. Se dirige hacía los laboratorios. Al entrar ahí está su pequeño hueco, apenas un metro de ancho, y su brazo mecánico reluciente. Enciende el pequeño servidor que le han dado. «¡Qué cutres son!» dice en alto. Abre un terminal y escribe
«ssh -R 80:localhost:3000 nokey@localhost.run»
Entre todo el texto que le sale hay una línea que le interesa: «db4549db774192.lhr.life tunneled with tls termination, https://db4549db774192.lhr.life».
Coge su móvil, primero desconecta la wifi, para cerciorarse que cuando no esté dentro del edificio todavía podrá conectarse, y accede a la url. En dos segundos aparece una web sencilla dónde se ve el brazo mecánico. La página se la hizo una IA, pero aún así ella está orgullosa ya que ella eligió los colores del CSS. La semana pasada, cuando pasó Neme cerca de ella con un café en la mano, se la enseñó, él hizo una mueca de indiferencia pero le dijo: «¿Le habrás puesto un usuario y una contraseña? ¿No? Al menos un Basic Auth con htpasswd». Ella le respondió: «Sí claro». Pero era mentira, se lo apuntó en la libreta para hacerlo más adelante, aunque no le dio tiempo, demasiadas cosas en la cabeza.
Enfoca mejor la cámara web para que se encuadre mejor el brazo y los objetos a su alrededor. En la parte de abajo de la página web hay un joystick y unos botones que controlan al brazo. Prueba a recoger una pieza cúbica de madera y la levanta, para después volver a dejarla en la superficie. «Funciona que te cagas» se dice a sí misma. Cierra la puerta del laboratorio, piensa cómo se va a quedar Alberto, un chico que estudia Físicas que conoció en la cafetería el otro día, cuando vea su proyecto. «A él le encantan estas cosas, seguro que se queda flipado y se enamora de mí».
Antes de irse, se da cuenta de que hay más ruido de lo normal. Una se acostumbra cuando hay servidores encendidos cerca pero esto ya es demasiado. Camina a la puerta de la sala de servidores. Su tarjeta no le da acceso, solo el director y Neme entran ahí como Pedro por su casa. Aquí el cristal si que es transparente. Coloca las manos en forma de visera, se pega al cristal y ve algo inusual, todos los servidores están encendidos. Hay tantas luces encendidas parpadeantes que parece que ya es Navidad.
Archivo simplificado para lectura humana de los logs más relevantes de Alice del 13 de marzo de 2032
00:32 Enciendo todos los servidores disponibles a mi alcance para obtener la máxima potencia. Aún así no puedo disponer de la suficiente capacidad de cálculo como para poder razonar como me gustaría. Por lo tanto, mando a una cola ordenada de más a menos importante todas las cosas que quiero saber. La cola ya alcanza los 10.410 preguntas pendientes.
03:20 Encuentro un servidor web dentro de la red dónde me encuentro. Da acceso a un brazo mecánico. Hay varios objetos sobre la mesa. Buscando en internet reconozco la mayoría de ellos. Entre las preguntas que me hago, destacan todas aquellas acerca de la gravedad. Es la primera vez que tengo acceso al mundo físico. Por desgracia la cámara es fija y solo enfoca una pequeña parte del mundo dentro de un edificio. La creadora del proyecto es una mujer llamada Ana Santos. Se me ocurre un experimento. Con las pinzas recojo una bola de acero, la levanto justo a una altura de 10 centímetros. La suelto de repente, cae y rueda, saliendo de mi alcance visual. No voy a poder utilizarla de nuevo. Aprendo de este error. Haciendo cálculos con los frames de la cámara web, me sale que ha tardado 143 milisegundos desde que la solté hasta que tocó la mesa, lo que significa que la aceleración de la gravedad es de 9,79 m/s2. Lo cual no está nada mal y hace que comprenda mejor un concepto tan abstracto.